40 años del golpe en Chile. El legado de Allende y la lucha del pueblo contra el modelo neoliberal

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PIA.- Hace 40 años irrumpía el golpe militar en Chile que derrocó al gobierno popular de Salvador Allende, emblema actual de la lucha del pueblo chileno contra las políticas neoliberales que consolidó la sanguinaria dictadura de Augusto Pinochet  y profundizaron  los gobiernos de la concertación y la derecha. A 40 años del golpe, el desguace del Estado, la entrega de la soberanía, la política represiva y las medidas antipueblo permanecen en un país que vuelve a movilizarse en reclamo de una nación soberana, con un horizonte de independencia económica y  justicia social.

El 11 de septiembre de 1970 en Chile, el gobierno popular de Salvador Allende fue derrocado por la dictadura militar de Augusto Pinochet (1970-1990), dando vía libre a la consolidación de una de las más sanguinarias etapas de la historia de Nuestra América, que permitió la instauración del neoliberalismo y a su paso el saqueo de los bienes comunes, el establecimiento de políticas represivas bajo los intereses del imperialismo y de las clases cipayas. Tras 40 años del golpe militar, el pueblo chileno, golpeado por la profunda crisis política y social, ha comenzado a despertar y marcar el rumbo que debe seguir la nación luego de 17 años de dictadura y 20 años de gobiernos entreguistas de la concertación y la derecha.

Tras los hechos ocurridos en la mañana del 11 de septiembre, mientras los golpistas atacaban la sede presidencial del Palacio de La Moneda y bombardeaban las torres de Radio Portales y Radio Corporación, Salvador Allende se dirigió al pueblo chileno a través de Radio Magallanes en un último discurso cargado de dignidad y antiimperialismo. “¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen, ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”, sentenció Allende. Un inolvidable discurso en el que se dirigió al pueblo entero, a los trabajadores, a las mujeres, a la juventud, a los profesionales, agradeciendo su lealtad y llamándolo a continuar la gesta de su gobierno. “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!”, proclamó sabiendo que su sacrificio no fue en vano.

El gobierno popular

El 4 de septiembre de 1970, en un marco de profunda organización y fervor revolucionario en Nuestra América, exaltado por el triunfo de la Revolución Cubana, triunfa en las elecciones presidenciales Salvador Allende, en un acotado margen de diferencia por el que el Congreso debió elegir entre Unidad Popular -coalición electoral de partidos de izquierda- presidida por Allende, y Partido Nacional –alianza de partidos Liberal, Conservador y Acción Nacional- bajo el nombre de Jorge Alessandri. El triunfo del gobierno popular estuvo signado por la consolidación de una nueva subjetividad revolucionaria forjada por la conciencia y organización de las masas.

El gobierno popular se lanzó hacia el camino del socialismo. Llevó adelante una política revolucionaria: la nacionalización del cobre, el salitre y la banca; la reforma agraria y el fin del latifundio; la participación de los trabajadores y los campesinos en el proceso de producción; una amplia política social, como el programa de leche para todos los niños de chile, el acceso a la educación pública, gratuita y de calidad, la difusión y acceso a la cultura, el aumento de las jubilaciones, el acceso a la vivienda.

Allende despertó la conciencia revolucionaria del pueblo y lo llamó a movilizarse, bajo un gobierno alienado a las políticas soberanas y antimperialistas, lo que generó el odio y la indignación de las clases dominantes que se negaban a modificar su statu quo.

La gesta del golpe

Las clases dominantes locales, junto a los grupos económicos extranjeros, la maquinaria mediática y la planificación estadunidense, propiciaron el golpe. Desde el mismo momento en que Allende ganó ajustadamente las elecciones se comenzó a planear los pasos de desestabilización y derrocamiento. Estados Unidos comenzó a digitar el plan, el entonces presidente Richard Nixon se reunió con el dueño del grupo mediático chileno El Mercurio, para impedir el ascenso de Allende a la presidencia o realizar un plan de sabotaje económico a su gobierno. Es así como realizaron el primer atentado, el asesinato del Comandante del Ejército René Schneider, quien expresó el deber de las Fuerzas Armadas de respetar los resultados de las elecciones, en manos de la derecha chilena bajo el apoyo de la CIA, prosiguiendo luego con distintos atentados terroristas.

El sabotaje económico fue parte de la estrategia principal para debilitar al gobierno y propiciar un ambiente de conflictividad social y política. Desabastecimiento continuo de productos básicos, paro de transporte, sabotaje a la producción, bloqueo a las exportaciones de cobre, aumento de los créditos, fomento del mercado negro y la especulación. Crearon un escenario de confrontación, llamaron a los “cacerolazos” de barrios acomodados. Destituyeron a ministros e intendentes acusándolos de violar la Constitución. Buscaron la renuncia del Comandante del Ejército Carlos Prats para lograr la traición de los militares.

Finalmente destituyeron a Allende, el día en que se disponía a anunciar que sometería la continuidad de su gobierno al plebiscito del pueblo, bombardeando el Palacio de La Moneda.

El legado de Allende

El presidente que decidió terminar con su vida antes de pasar a manos de los golpistas, se convirtió en un emblema de la lucha de los pueblos por una patria soberana y antiimperialista. Su legado de patriotismo y justicia social, continúa presente en la memoria del pueblo chileno que aún lucha contra los golpes que dejó la dictadura bajo las innumerables vejaciones, torturas, desapariciones, asesinatos y la consolidación de un modelo liberal, profundizado tras décadas de gobiernos entreguistas. La nacionalización de los bienes estratégicos, hasta entones en manos de empresas estadounidenses, la reforma agraria tras la expropiación de las tierras a la oligarquía chilena, y las políticas de inclusión social, de fomento al acceso a vivienda, salud y educación, siguen marcando el horizonte político de su pueblo.

De una amplia carrera militante, desde el lugar de estudiante, su camino hacia el socialismo fue marcado por su temprano apoyo a la Revolución Cubana, ganándose el pronto reconocimiento de Fidel Castro y Ernesto Guevara, por su profundo sentido patriótico nuestroamericano y antiimperilista que no abandonó jamás, convirtiéndose en el primer presidente socialista en llegar al poder tras un proceso electoral frente a una derecha enquistada en el poder.

Su discurso político en la Universidad de Guadalajara –México-, en 1972, manifiesta el amor a la Patria Grande y su firme convicción revolucionaria. “Yo sé que ustedes saben que no hay querella de generaciones; hay jóvenes viejos y viejos jóvenes, y en estos me ubico yo. Hay jóvenes viejos que no comprenden que ser universitario por ejemplo, es un privilegio extraordinario [...]. Estos jóvenes viejos creen que la Universidad se ha levantado como una necesidad de preparar técnicos y que ellos deben estar satisfechos con adquirir un título profesional. [...] Allá hay muchos médicos que no comprenden o no quieren comprender que la salud se compra, y que hay miles y miles de hombres y mujeres en América Latina que no pueden comprar la salud [...]. De igual manera hay maestros que no se inquietan en que haya también cientos y miles de niños y de jóvenes que no pueden ingresar a las escuelas. [...] Nosotros tenemos que entender [...] que para que termine esta realidad brutal que hace más de un siglo y medio pesa sobre nosotros, en los cambios estructurales económicos se [...] necesita un profesional con conciencia social [...]. Por eso ser joven en esta época implica una gran responsabilidad [...] sobre todo en este Continente [...]. Y la juventud tiene que asumir su responsabilidad histórica”.

Las heridas abiertas

El proceso de dictadura permitió la consolidación en Chile de un régimen de capitalismo salvaje, el primero en instaurarse en Nuestra América. Tras su paso, la dictadura echo atrás los logros alcanzados por el pueblo y consolidados por el gobierno popular. Entregó el cobre, la banca, la tierra, la educación, la salud. Declaró el “estado de guerra” contra el propio pueblo chileno,  marcándolo a fuego, sembrando muerte y terror, paralizándolo durante años bajo una lógica de asesinatos, torturas, desapariciones, apropiación de niños y toda clase de vejaciones, dejando un saldo de más de 40.000 víctimas.

El nuevo modelo neoliberal instauró la desregulación del Estado, garantizando el dominio del poder y una nueva forma de acumulación a favor de los intereses de la oligarquía chilena y el imperialismo, imponiendo total libertad al mercado, a partir de un conjunto de leyes y la reforma constitucional del ’80. Los gobiernos siguientes no realizaron ningún cambio real en este sentido, limitándose a realizar “reformas” superficiales y garantizar la entrega de la nación con la profundización de las medidas neoliberales. Se reabre así una nueva etapa de saqueo, que tras 40 años de iniciada la dictadura, mantiene sus principios de privatización y entrega de todos sus bienes comunes –naturales y culturales-.

Un tiempo de movilización

Tras 20 años de democracia, bajo un mismo modelo  instaurado en la dictadura, y una profunda crisis política y social, en Chile el pueblo abre paso a un nuevo despertar, en la calle y convencido de que la realidad chilena debe cambiar. Desde distintas partes del país, el pueblo se moviliza y hace sentir sus reclamos de un modo cada vez más contundente, harto de años de políticas de entrega y exclusión, comienza a cuestionar el modelo de país existente.

Con el triunfo de la derecha, de la mano de Sebastián Piñera, el modelo se ha profundizado aún más, llegando límites insospechados, de este modo el movimiento popular se para en la calle de un modo distinto, con la lucha de los estudiantes a la cabeza, por una educación libre, gratuita y de calidad bajo el legado de la lucha de Allende. “Y va a caer, y va a caer, y va a caer la educación de Pinochet” corean los estudiante, frente al actual gobierno de la derecha que no duda en reprimir todo tipo de manifestación.

Su lógica de represión y detención no duda en reprimir ninguna manifestación, aún en el marco de la conmemoración de los 40 años del golpe militar. En actividades previas al aniversario, los Carabineros llevaron adelante 220 detenciones en la calle, y durante las actividades de este miércoles, al menos 68 personas fueron detenidas. En un Chile que aún espera una Asamblea Constituyente,  la renacionalización del cobre, el acceso a la educación y la salud gratuitas, y la derogación de la todas las legislaciones pinochetistas.

 

 

 

 

 

 

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